Envío a mis compañeros (y sin embargo amigos) Ana, Pablo, Ángel y Camino un enlace a un artículo de Enrique Dans en el que reflexiona de manera brillante acerca de las nuevas tecnologías en el mundo de la educación (recomiendo además la entrada correspondiente en su blog, que contiene comentarios interesantísimos). Quería llamar su atención sobre algo que cada día me resulta más evidente: hay que poner al día la manera en que entendemos la relación profesor-alumno y, por ende, los mecanismos de transmisión del conocimiento. Y hay que hacerlo no sólo porque las nuevas tecnologías permitan una interacción mucho más rica entre emisor y el receptor (cosa indudable y que seguramente llevará a una redefinición de los mismos conceptos de emisor y receptor), sino porque a día de hoy existe ya una penetración tal de esas tecnologías en la vida de las nuevas generaciones que si no aprendemos ese idioma y lo incorporamos a nuestros procesos educativos los profesores del futuro terminarán predicando en aulas vacías. Sencillamente nadie les entenderá.
He de decir que me ha sorprendido gratamente la respuesta de mis amigos. Se ha iniciado un debate que me va a servir para inaugurar este blog. A continuación transcribo el inicio del mismo:
Pablo: De acuerdo, pero para todo esto hace falta ilusión por aprender, motiviaciones intrínsecas y, sobre todo, no lo olvidemos, dedicación, es decir, meterle horas. No se vaya a pensar ahora que con profesores puestos en las ultimas tecnologías, se suprime el esfuerzo del estudiante. La fórmula sigue siendo la de siempre (tal vez matizada): codos, codos y codos
Camino: De acuerdo en lo del esfuerzo, a no ser que “las nuevas tecnologías” den con la fórmula del conocimiento en píldoras (lo leí en un cuento de Lem y el protagonista se pillaba una indigestión aguda por tomarse una enciclopedia de una sentada). Pero volviendo a “las nuevas tecnologías”, nos pueden ayudar mucho a transmitir conocimientos (creo que ese es el mensaje de E. Dans) y soy muy partidaria de utilizarlas. Sólo digo una cosa: son el medio y no el fin.
Ana: De acuerdo con lo dicho. Además, el mayor problema que le veo a esto de las nuevas tecnologías (internet) es que se tiene acceso a demasiada información y el alumno, en muchos casos, no es capaz de separar el grano de la paja. Os pondré como ejemplo, a un alumno mio que tenía que entregar una práctica en C, la localizó en internet en Módula 2 y, como no se dió cuenta de que no estaba en C, la entregó con las demás.
Resumo y añado de mi cosecha:
- No hay fórmulas mágicas: sin un interés genuino por parte del alumno no es posible el aprendizaje, por mucho que los contenidos “se vistan de seda”; dicho de otro modo, el papel de las nuevas tecnologías no debería ser el de motivar a un alumno al que no le interesa aprender, sino el de enriquecer y ampliar la experiencia de aprendizaje de un alumno que ya venga motivado de casa
- El proceso de aprendizaje depende del conocimiento en juego: si hay que enseñar que dos y dos son cuatro no hay otra manera de hacerlo que diciéndolo y punto, ahí no cabe el debate ni la interacción; hay que diferenciar el conocimiento puro, que se transmite, del que construye el propio receptor a partir de unas ciertas bases transmitidas que hay que someter a reflexión, experimentación, intercambio…
- Hay que formar al alumno en ciertos aspectos de la tecnología que son imprescindibles para hacer un uso correcto de la misma; por ejemplo, cuando uno se enfrenta a un almacén de datos tan descomunal como internet, donde convive de manera natural el dato vital con la basura irrelevante, más vale que sepa discernir el valor intrínseco de lo que se encuentra o terminará más confuso y sabiendo menos de lo que sabía al principio
- Hay que subirse al carro de las nuevas tecnologías porque están aquí para quedarse, e ignorarlas es un lujo que no podemos permitirnos; nos ayudan a enriquecer el proceso de aprendizaje y además forman parte del lenguaje que hablarán los ciudadanos del futuro